Donald Trump no se limitó a tuitear durante su campaña. Tuiteó constantemente. Y en aquel entonces, las reglas eran flexibles. No había regulaciones que le impidieran eliminar una publicación o editar un error tipográfico. Podía hacer lo que quisiera.
Luego ganó. Prestó juramento. Las reglas cambiaron de la noche a la mañana.
Ahora, sus tweets no son sólo pensamientos personales. Son propiedad pública. Los expertos legales sostienen que eso significa que no puede destruirlos. No puede alterarlos. Al menos eso es lo que dice la ley.
Sin embargo, poco después de la toma de posesión, Trump eliminó un tuit. Contenía un error ortográfico de la palabra honrado. Corregió el error tipográfico. Publicó el mismo tweet nuevamente, esta vez desde la cuenta oficial @POTUS.
Los expertos dicen que esto podría ser una violación de la ley federal. Específicamente, la Ley de Registros Presidenciales de 1978.
Cómo la ley lo cambió todo
Antes de 1978, los presidentes tenían rienda suelta. Cartas, notas, diarios, correspondencia: eran propiedad privada del presidente. Durante casi 200 años, la costumbre histórica así lo dictó. El presidente era dueño de sus palabras escritas.
Watergate cambió eso.
El escándalo expuso cómo los líderes podían ocultar o destruir pruebas. El Congreso respondió con la ley de 1978. Despojó a los presidentes de su propiedad. Los papeles del presidente y del vicepresidente pasaron a ser registros públicos.
La ley imponía reglas estrictas. El personal y los presidentes deben seguirlos cuando manejen material relacionado con deberes oficiales. Deberes constitucionales. Deberes estatutarios. Deberes ceremoniales. Todo cuenta.
El gobierno federal ahora posee y controla estos registros. El poder ejecutivo debe preservar y archivar toda la correspondencia. Sin excepciones.
¿Los tweets cuentan como registros oficiales?
Sí. Y no es sólo una suposición.
Las Enmiendas a la Ley de Registros Presidenciales y Federales de 2014 aclararon esto. El presidente Barack Obama la promulgó el 26 de noviembre de 2014. La enmienda modernizó la ley de 1978. Se centró directamente en los registros electrónicos.
Según esta actualización, los tweets cuentan. También lo hacen las publicaciones de Facebook. Correos electrónicos. Mensajes de redes sociales.
Los Archivos Nacionales tienen el poder de salvaguardar registros originales y clasificados. Pueden detener la eliminación no autorizada. Los Archivos afirman que los tweets publicados son registros públicos.
No han indicado explícitamente si los tweets eliminados o editados están bajo la misma protección. Esta ambigüedad importa. Trump eliminó un tuit. ¿violó la ley? Tal vez.
El personal de Obama trató sus tuits de manera diferente. Archivaron los originales automáticamente. Incluso si envió una versión corregida más tarde. El original quedó registrado.
Obama utilizó el identificador oficial @POTUS. Trump también puede usarlo. Casi nunca lo hace.
Tuitea desde su cuenta privada, @realDonaldTrump. Luego retuitea esas publicaciones a @POTUS. Esto crea un rastro de papel desordenado. ¿Qué versión es el registro oficial? ¿El que borra? ¿O el que guarda?
Por qué esto es importante para usted
No se trata sólo de errores ortográficos. Se trata de transparencia.
Si los presidentes pueden borrar tuits, pueden borrar la historia. Pueden alterar el registro público. Los ciudadanos pierden acceso a lo que dijeron sus líderes. Cuando. Y por qué.
La ley existe para impedirlo. La ley de 1978 y sus enmiendas de 2014 fueron diseñadas para responsabilizar al poder ejecutivo. Los registros electrónicos ya no son una laguna jurídica.
Pero hacer cumplir la ley es complicado. Los Archivos Nacionales pueden salvaguardar registros. ¿Pero pueden recuperar un tweet eliminado? ¿Si nunca se archivó correctamente?
Las acciones de Trump plantean preguntas. ¿Los tweets enviados desde una dirección privada son registros oficiales? Si los elimina, ¿se produce entonces la infracción? ¿O sólo si el gobierno no puede producirlos?
El precedente del retroceso
Los presidentes han intentado debilitar esta ley antes.
En 2001, George W. Bush firmó una orden ejecutiva. Fue diseñado para eludir la Ley de Registros Presidenciales. Fue parte de una serie de medidas tomadas por el poder ejecutivo para limitar la supervisión del Congreso.
Cada administración pone a prueba los límites. Trump no es una excepción.
La cuestión central sigue siendo la misma. ¿A quién pertenece la verdad? ¿El presidente? ¿O el público?
La ley dice público. La práctica es más difícil. Los tuits desaparecen. Los hilos se editan. La historia se reescribe.
Esperamos ver cómo responde Archivos. Esperamos a ver si los expertos demandan. Esperamos a ver si el próximo presidente sigue las reglas.
O los elimina.
















