La madre de Brianna Ghey, una joven de 16 años asesinada a puñaladas en 2023, ha pedido públicamente a los líderes políticos del Reino Unido que prohíban a los menores de 16 años acceder a las plataformas de redes sociales. La petición de Esther Ghey se produce en medio de un creciente debate sobre la seguridad infantil en la era digital, y mientras los legisladores consideran una enmienda al Proyecto de Ley de Escuelas y Bienestar Infantil que haría cumplir dicha prohibición.
El costo personal del daño en línea
La Sra. Ghey describió la “adicción a las redes sociales” de su hija y las devastadoras consecuencias que siguieron. Brianna, dijo, buscó desesperadamente la fama en línea, lo que la llevó a sufrir un trastorno alimentario, autolesiones y exposición a contenido peligroso. La Sra. Ghey sostiene que las plataformas amplifican el daño a los jóvenes vulnerables y afirma que ningún padre debería vivir con las consecuencias de un sistema que no protege a sus hijos.
Esto no es simplemente una tragedia personal; refleja una tendencia más amplia. Los jóvenes están cada vez más expuestos a contenidos nocivos, ciberacoso y comportamientos depredadores en línea, y algunos estudios vinculan el uso prolongado de las redes sociales con el deterioro de la salud mental. La pregunta no es sólo si las redes sociales afectan a los niños, sino con qué gravedad y si las salvaguardas actuales son suficientes.
Impulso político y soluciones divergentes
La enmienda propuesta al proyecto de ley sobre escuelas y bienestar infantil ya ha obtenido el apoyo del Sindicato Nacional de Educación (NEU) y de 61 parlamentarios laboristas, que exigen medidas urgentes. El secretario general de la NEU, Daniel Kebede, califica este momento de “fundamental” e insta al líder laborista Sir Keir Starmer a adoptar una postura firme.
Sin embargo, Starmer ha evitado hasta ahora un compromiso directo y se ha limitado a afirmar que el gobierno está “estudiando una serie de opciones”. Reveló conversaciones con el primer ministro australiano, Anthony Albanese, cuyo gobierno implementó una prohibición similar el año pasado. Esto sugiere que se está considerando seriamente una prohibición total, pero enfrenta resistencia.
El debate: prohibición versus regulación
Si bien algunos abogan por una prohibición total, 42 organizaciones benéficas de protección infantil y grupos de seguridad en línea advierten que tal medida no resolverá el problema. Argumentan que una prohibición general aborda los síntomas, no las causas fundamentales del daño en línea. En cambio, proponen fortalecer la Ley de Seguridad en Línea para hacer cumplir los límites de edad y responsabilizar a las plataformas por el contenido dañino.
La baronesa Hilary Cass, una destacada pediatra, sugiere un enfoque diferente: “comenzar con la presunción de prohibición y permitir sólo aplicaciones que se hayan desarrollado de forma segura”. Desconfía de la autorregulación de las empresas tecnológicas estadounidenses, citando su historial de medidas de seguridad inadecuadas.
Los demócratas liberales ofrecen un término medio, proponiendo clasificaciones de edad al estilo de las películas para las plataformas de redes sociales, con algunos contenidos restringidos legalmente a usuarios mayores de 16 años. Esto permitiría a los adolescentes mayores acceder a las redes sociales y al mismo tiempo protegería a los niños más pequeños de material dañino.
¿Qué sigue?
El debate sobre la regulación de las redes sociales está lejos de estar resuelto. Si bien la tragedia personal de Brianna Ghey ha hecho que la cuestión sea más urgente, el camino a seguir sigue sin estar claro. Los legisladores deben sopesar los beneficios de una prohibición total frente a los riesgos de tratar los síntomas en lugar de las causas. La decisión final probablemente moldeará el panorama digital durante una generación.
