El estado actual de la democracia estadounidense presenta una sorprendente paradoja: la nación parece simultáneamente sitiada y notablemente resistente. Si bien el poder ejecutivo ha adoptado tácticas cada vez más autoritarias (amenazar a los aliados, atacar a los opositores políticos y desplegar fuerzas que no rinden cuentas), las barreras institucionales y sociales del país han resultado más difíciles de romper de lo que muchos anticipaban.
Datos recientes de tres importantes estudios académicos sugieren que, si bien el primer año de Donald Trump causó un daño democrático significativo, el impulso de ese declive puede estar estancado.
Medición del daño: tres perspectivas diferentes
Debido a que la “salud democrática” no es una métrica física como la temperatura, los investigadores se basan en encuestas de expertos para cuantificarla. Tres informes recientes ofrecen puntos de vista diferentes, aunque complementarios, sobre el estado del sistema político estadounidense.
1. La visión institucional (Instituto V-Dem)
El Instituto V-Dem se centra en las instituciones democráticas y el estado de derecho. Sus hallazgos pintan un panorama aleccionador:
– Estados Unidos experimentó una caída masiva de 22 puntos en su Índice de Democracia Liberal.
– Esta es la mayor caída en un solo año en la historia de Estados Unidos, lo que lleva las puntuaciones a niveles no vistos desde la era de Jim Crow.
– El declive se debe a la erosión de las “restricciones legislativas”: la capacidad del Congreso para controlar el poder ejecutivo.
2. La visión de las libertades civiles (Freedom House)
Freedom House mide cómo las reglas democráticas afectan realmente la experiencia vivida por los ciudadanos. Sus datos son más optimistas:
– La puntuación de EE. UU. cayó sólo 3 puntos.
– Si bien la administración ha presionado a los medios y a las instituciones académicas, Freedom House señala que Estados Unidos aún mantiene un sistema universitario y de prensa independiente y sólido en comparación con los estándares globales.
3. La vista temporal (vigilancia de línea brillante)
El consorcio Bright Line Watch rastrea los cambios a lo largo del tiempo a través de múltiples encuestas anuales. Sus datos proporcionan la información más crítica: la crisis alcanzó su punto máximo temprano.
– Los puntajes de democracia se desplomaron en los primeros meses de 2025, alcanzando un “nadir” (punto más bajo) en abril.
– Desde aquel mínimo de primavera, las puntuaciones se han estabilizado e incluso han comenzado una ligera tendencia al alza.
Por qué se estancó el declive
Los datos sugieren que el “bombardeo” inicial de apropiación del poder ejecutivo, incluido el uso agresivo de agencias como DOGE para desmantelar departamentos establecidos, encontró una resistencia significativa. La desaceleración de la erosión democrática puede atribuirse a tres factores principales:
- Fricción institucional: Muchos intentos de ampliar el poder unilateral fueron rechazados por los tribunales o estancados por la realidad administrativa.
- Represión fallida: Si bien la administración ha intentado intimidar a los medios de comunicación y desplegar agentes federales en las ciudades, estas acciones a menudo han sido contrarrestadas con éxito mediante impugnaciones legales y protestas públicas.
- La prueba de fuego definitiva: las elecciones: Quizás lo más importante es que las elecciones fuera del año 2025 demostraron que el “campo de juego” seguía siendo funcional. El hecho de que la oposición aún pueda competir y ganar sugiere que el mecanismo fundamental de la democracia –la transferencia pacífica del poder a través de las urnas– permanece intacto.
El camino por delante: vulnerabilidades a medio plazo
A pesar de este cauteloso optimismo, la amenaza a la democracia no ha desaparecido; simplemente ha cambiado de forma. La administración ahora está girando hacia tácticas dirigidas a las próximas elecciones de mitad de período, que incluyen:
– Intentos de acceder a datos confidenciales de los votantes.
– Gerrymandering agresivo a mitad de ciclo.
– Esfuerzos para federalizar la administración electoral.
Si bien muchas de estas medidas han encontrado contraesfuerzos (como la redistribución de distritos demócratas en los estados demócratas), representan una nueva frontera en la lucha por la gobernanza estadounidense.
Conclusión
Si bien el impacto inicial de la ampliación de la autoridad ejecutiva causó un daño histórico a las instituciones democráticas, la resiliencia del proceso electoral y la reacción judicial han evitado un colapso total. La tendencia actual sugiere una estabilización de la democracia, aunque la lucha por la integridad de futuras elecciones sigue siendo el principal campo de batalla.
























