La gran división democrática: por qué se está fracturando la relación entre Estados Unidos e Israel

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El consenso bipartidista de larga data que alguna vez definió la relación entre Estados Unidos e Israel está experimentando una profunda y rápida transformación. Dentro del Partido Demócrata, el tradicional “apoyo incondicional” a Israel está siendo reemplazado por una creciente ola de escepticismo, crítica y oposición activa.

Lo que alguna vez fue una piedra angular de la política exterior estadounidense se ha convertido en una de las fallas más volátiles de la política demócrata, que amenaza con remodelar la identidad del partido de cara al ciclo electoral de 2028.

Un cambio dramático en Washington

La magnitud de este giro político quedó al descubierto durante una reciente votación en el Senado, donde 40 de 47 senadores demócratas votaron a favor de bloquear una venta militar a Israel. Este nivel de oposición no tiene precedentes para un partido que históricamente ha actuado como el patrocinador más confiable de Israel en Occidente.

Esta tendencia no se limita a los pasillos del Congreso; se está manifestando en las elecciones locales. En una reciente elección especial para la Cámara de Representantes en el Distrito 11 de Nueva Jersey, la victoria de Analilia Mejía –una acérrima crítica de Israel– marcó un cambio en las prioridades de los votantes. Si bien ganó el escaño, la fuerte disminución del apoyo de las comunidades judías históricamente proisraelíes pone de relieve una tensión creciente entre el ala progresista del partido y su base tradicional.

Los impulsores del descontento

La erosión del apoyo no es accidental; es el resultado de un cambio masivo en la opinión pública entre los votantes demócratas. Los datos recientes pintan un panorama sombrío:

  • La brecha de percepción: En 2022, el 53% de los demócratas veían a Israel de manera desfavorable. Tras la devastación en Gaza y la escalada de los conflictos que involucran a Irán, esa cifra ha aumentado al 80%.
  • La “partidización” de Israel: Los observadores señalan que Israel está siendo visto cada vez más a través de una lente partidista. A medida que Benjamín Netanyahu se ha alineado con figuras republicanas como Donald Trump, muchos demócratas han comenzado a ver al gobierno israelí como una extensión de la política exterior del Partido Republicano.
  • Cambios generacionales: Si bien los demócratas de mayor edad siguen siendo más propensos a apoyar a Israel, los votantes más jóvenes, que consumen gran parte de sus noticias a través de las redes sociales, se han visto profundamente afectados por la cobertura en tiempo real de la crisis humanitaria en Gaza.

Las líneas de batalla: reforma versus ruptura

Actualmente, el Partido Demócrata está dividido en dos bandos distintos respecto a cómo manejar la relación entre Estados Unidos e Israel. Esto no es sólo un desacuerdo sobre cuánta ayuda dar, sino sobre por qué existe la relación en primer lugar.

1. Los progresistas: buscando un “reinicio”

Este grupo, que incluye figuras como J Street, busca preservar la amistad fundamental entre Estados Unidos e Israel, pero cree que los términos actuales son insostenibles. Su objetivo es:
Imponer condiciones a la ayuda: Garantizar que la asistencia militar esté vinculada a los derechos humanos y el derecho internacional.
Limitar el armamento “ofensivo”: Centrarse en la ayuda defensiva (como la Cúpula de Hierro) mientras se restringen las armas utilizadas en operaciones ofensivas.
Presión por una solución de dos Estados: Reafirmar el objetivo democrático de un Estado palestino, que consideran ha sido marginado por el actual liderazgo israelí.

2. Los izquierdistas: buscando la “separación”

Un ala más radical del partido está yendo más allá de la mera reforma, presionando por un desacoplamiento fundamental de las dos naciones. Sus objetivos incluyen:
Poner fin a toda financiación militar directa: Argumentar que Israel es una nación rica que ya no requiere la asistencia de los contribuyentes estadounidenses.
Sanciones y desacoplamiento: Algunos activistas están pidiendo sanciones similares a las utilizadas contra la Sudáfrica del apartheid, con el objetivo de que Estados Unidos e Israel estén “menos entrelazados”.
El debate sobre la legitimidad: Este grupo a menudo ve al actual Estado israelí a través de una lente antisionista, viéndolo como una entidad inherentemente represiva en lugar de un refugio democrático.

La pregunta que se avecina para 2028

La tensión central persiste: ¿Qué sucede si las tácticas de presión fallan?

La historia muestra que la presión diplomática a menudo no ha logrado alterar los cálculos de seguridad de Israel. Si el Partido Demócrata avanza hacia políticas más duras e Israel continúa su trayectoria actual, el partido enfrentará un ajuste de cuentas.

A medida que se acercan las primarias de 2028, los líderes demócratas –que actualmente están tratando de equilibrar las alianzas tradicionales con una base de votantes que cambia rápidamente– tendrán que decidir si están intentando arreglar una relación rota o gestionar su inevitable fin.

Conclusión: El Partido Demócrata ya no es un monolito en la política de Oriente Medio. El paso del apoyo bipartidista a un intenso conflicto interno sugiere que la era de la ayuda incondicional de Estados Unidos a Israel puede estar llegando a su fin, reemplazada por un debate volátil sobre la naturaleza misma de la alianza.